miércoles 15 de febrero de 2012

Bares y panaderías frikis.


Cuando un bar de "diseño" no llega a unos ciertos mínimos cae en el frikismo.

Otros son castizos a más no poder, pero el mojito que anuncian ¿también lo es?

Por lo general, me gustan los sitios que tienen claro lo que venden...


y además no nos mienten.

Este escaparate no tiene nada que ver con el tema principal, pero si con las morcillas, así que lo dejo aquí antes de que desaparezca la tienda. 


El producto puede estar a la vista y gustarnos más...

... o menos,

aunque a veces nos dejan con la duda sobre si están especializados en un sólo producto

o en la cocina de nuevos alimentos, como los peluches.

Sobre la decoración interior habría mucho sobre lo que hablar y publicar, pero a veces las caras de los dueños no animan a intentar sacar fotografías de los detalles...

...y tenemos que esperarnos a encontrar prendas íntimas en los lugares más insólitos.


El bar puede ir con su dueño...


o acabar convertido en un autoservicio.

Cambiando de tema, los escaparates de las panaderías, un lugar en apariencia tan normal, también dan mucho juego,

con peor o

mejor fortuna


 e incluso quitándonos las ganas de comer dulce a los más golosos.



Pueder ver alguna fotografía más de friki-bares en:

domingo 15 de enero de 2012

GIRONA.




La ciudad de Girona tiene la suerte de pasar desapercibida para el turismo de masas, pese a contar con un indudable encanto para todos aquellos visitantes que se acercan a ella interesados por su arquitectura e historia.

Cuenta con frecuentes y rápidas conexiones por tren y autocar con Barcelona, y desde ella podemos continuar nuestro recorrido hacia otras ciudades y pueblos de la zona: Figueres, Banyoles, Besalú, Tossa de Mar, la Costa Brava…

¿Qué ver?: Si es la primera vez que visitas la ciudad, te propongo que empieces en la calle Berenguer Carnicer, junto a la plaza Jaume Vicens Vives, y camines hacia el río Onyar, desde donde la visión del barrio viejo te impresionará: a tu derecha las fachadas coloridas de las casas sobre el Onyar, con algunos de sus puentes (pont d’en Gómez, pont de sant Agustí); al frente la catedral y a la derecha la iglesia de sant Feliu, con sus dos torres que le dan un aire de fortaleza.

Después cruzaremos el puente de la izquierda para visitar un gran conjunto de edificios románicos: la iglesia de sant Feliu (origen paleocristiano/románico y acabada en estilo gótico); el monasterio de sant Pere de Galligants (románico lombardo del siglo XII, hoy Museu Arqueològic) con un campanario octogonal y los capiteles del claustro; la iglesia de sant Nicolau de abside en forma de trébol; para acabar en otra auténtica joya escondida, los banys àrabs (una imitación cristiana de los baños árabes), unos de los más bellos que recuerdo haber visitado.

Aunque desde aquí se puede iniciar un paseo por la muralla,  es mejor cruzar la puerta fortificada de sobreportes que nos lleva a la plaza de la catedral, donde una gran escalinata da acceso a la catedral de santa, de la que destacamos es claustro y el campanario primitivo de la torre de Carlomagno (románicos), un ábside con girola y la nave única más amplia del gótico mundial, y el Tapiz de la Creación (siglos XI-XII) que se expone en su museo. La plaza se completa con la Casa Pastors (renacentista), la Pia Almoina (gran muestra del gótico civil) y el Palau Episcopal (actualmente Museu d’Art).

Descendiendo por la calle de la Força llegamos a uno de los barrios judíos medievales mejor conservados, el call, sobre todo en los callejones de Cúndaro y sant Llorenç. También nos sorprenderá la belleza del conjunto formando por el arco del palau dels Agullana, las escaleras y la fachada de sant Martí Sacosta. Continuamos por las antiguas residencias burguesas del carrer dels Ciutadans, que aún conserva una notable construcción civil medieval: La Fontana d´Or (fachada románica y salas góticas, hoy sala de exposiciones). Es el momento de explorar las estrechas calles de los gremios (Abreuradors, Mercaders, Ferreries, Peixeteries Velles, Argenteria) hasta desembocar en la rambla de la Llibertad, ubicación del mercado medieval bajo los pórticos de piedra y, escondido en un pequeño portal, el acceso a un puente de hierro de Gustave Eilffel, el pont de Ferro o de les Peixateries Velles,  que nos permite volver a admirar las casas sobre el río Onyar.

Sólo para entusiastas: Ya anticipamos la posibilidad de recorrer el perímetro de las antiguas murallas (tramos carolingios del siglo IX, aunque la mayor parte sea posterior) y disfrutar de unas magníficas vistas de la ciudad, con unas magníficas vistas sobre la ciudad, del convento de sant Domènec (iglesia y claustro góticos, sede de la Universitat de Girona), el edificio de Les Àligues (rectorado) y las torres Júlia, Corneia y Gironella. Un tramo menor de muralla se puede ver en el carrer ballesteries, que continua como una calles de edificios antiguos y suelo empedrado hasta enlazar con la calle Argentería.

Totalmente fuera del itinerario visto por estar en las proximidades a la estación de tren, no puedo olvidarme de la Farinera Teixidor (edificación modernista para una fábrica de harinas, hoy sede de un diario).

También nos hemos referido a algunos de los museos que hemos encontrado a nuestro paso, como el arqueológico en sant Pere de Galligants o la colección de arte románico y gótico del Palacio Episcopal; pero ahora hacemos referencia a los cercanos centro Bonastruc ça Porta, un instructivo museo de la historia de los judíos en Catalunya y al museo de historia de la ciudad en el convento capuchino de sant Antoni (siglo XVIII). Fuera del centro histórico encontramos la importantísima colección dedicada al cine del Museu del Cinema.

En cuanto a sus espacios naturales, Girona cuenta con el parc de la Devesa, un jardín formado por una ordenada y gran arboleda. Más desconocida y prometedora es la vall de Sant Daniel, de vegetación densa y agreste, donde encontramos el monasterio románico de sant Daniel.

Totalmente prescindible: La plaça Independència, situada en la orilla occidental del río Onyar, carece de todo interés. En general, esta parte de la ciudad sólo merecen nuestra atención por la Farinera Teixidor y el Museu del Cinema.

Lo más friky y/o kitsch: A los pies de la iglesia de sant Feliu, en la calle Calderers encontramos una columna con la escultura de una leona encaramada (pudo ser un anuncio o reclamo de un hostal). En la ciudad  existe la tradición de estirarse o saltar tocando el culo de la leona para “garantizarse” la permanencia en la ciudad o, al menos, el regreso a ella.

¿Dónde comer?: En el triángulo formado por las calles de la Força, de los Ciutadans y la rambla de la Llibertad se concentran los restaurantes y bares del centro, algunos más tradicionales y otros de diseño, orientados fundamentalmente al turismo. Al buscar información de una pequeña taberna en la calle Bonastruc de Porta, donde se comía bien y barato, he descubierto que han derribado el edificio, por lo sólo me queda el recuerdo de sus bocadillos y platos combinados.

Compras: El centro histórico está especializado en las tiendas para turistas, mientras que en avenida sant Francesc y carrer Nou encontrarás tiendas de moda y, en las cercanías, algún supermercado.

Foto de los Banys Àrabs tomada de Wikimedia Commons.

viernes 16 de diciembre de 2011

LA BRETAÑA I: POR LOS DEPARTAMENTOS DE MORBIAN Y FINISTERRE.


La Bretaña (Bretagne o Breizh) es una región histórica en la costa atlántica de Francia, muy recomendable por sus espacios naturales y típicos pueblos. Las distancias son cortas, las carreteras buenas y el transporte público conecta las principales poblaciones. Pero antes de ponernos en camino hay que tener en cuenta que el clima es lluvioso, el viento puede ser fuerte y podemos encontrarnos con bancos de niebla. Además, sus habitantes utilizan el idioma bretón y si sólo manejamos los nombres de los lugares en francés, las señales nos pueden inducir a error.

Nuestro punto de partida es la antigua capital del Ducado de Bretaña, Nantes (Naoned), desde donde salimos con destino a Sarzeau (Sarzhav) en la península de Rhuys (Rewiz). Allí abandonamos la carretera principal para tomar una ruta costera que pasa por Brillac, Bréhuidic… y haremos paradas para ver las islas y el golfo de Morbihan.

La península tiene otros lugares interesantes como la abadía St-Gildas-de-Rhuys (románica), los castillos de Suscinio (medieval) y de Kerlévénan (siglo XVIII), el menhir cercano a este último, la Reserva Ornitológica de Duer, l la posibilidad de llegar hasta Port-Navalo (Porzh Noalou), en la entrada al golfo, un puerto pesquero con vistas a Locmariaquer y a la península de Quiberon. Pero permitidme que me dirija a nuestro próximo destino.



El golfo de Morbihan da abrigo a la ciudad Vannes (Gwened) y su puerto junto a la puerta de St-Vicent (siglos XVII-XVIII), un buen lugar desde donde adentrarnos en el centro y contemplar las casas tradicionales con voladizos y entramados de madera pintados de vivos colores, sobre todo cerca de la place de Valencia y en los alrededores de la catedral de St-Pierre (gótica con una capilla renacentista), como el antiguo mercado medieval (Museo de Bellas Artes de la Cohue). Un poco escondido en el casco histórico, podemos asomarnos al pequeño château Gaillard (palacio-fortaleza del siglo XV, Museo Arqueológico). Otro recorrido imprescindible es la muralla (algún tramo es de origen romano) en la que destacan torres defensivas como la Tour de Connétable, los bellos jardines del palacete château de l’Hermine (u Hôtel Lagorce, del siglo XVIII), los lavaderos de ropa o Lavoirs (siglo XIX), el edificio de la Prefectura (siglo XIX, cerrado al público), hasta llegar a la Puerta Prisión, uno de los accesos más antiguos a la ciudad.

Desde Vannes podemos acercarnos a Locmariaquer (Lokmaria-Kaer) para visitar la punta de Kerpenhir (estrecho del Golfo de Morbihan, en la orilla contraria a Port-Navalo) o los diferentes monumentos megalíticos de la zona: el Grand Menhir Brisé (20 metros, aunque está derribado) o los dólmenes de la Table des Merchants y de les Pierres Plates.
En la cercana localidad de Auray (An Alre), sin perder demasiado tiempo en la iglesia de St-Gildas o las capillas del Hôtel-Dieu y del Saint-Esprit, descendemos por la empinada calle de la rue du château hasta el port de Saint-Goustan, que nos ofrece una autentica panorámica de postal con su puente de piedra, un pequeño muelle, callejuelas con casas de entramado de madera, la iglesia St-Goustan y la moderna capilla Notre-Dame de Lourdes.



Continuamos nuestro camino hasta la población de Carnac (Karnag), en cuyo centro podemos visitar el Museo de Prehistoria, la iglesia St-Cornély (siglos XVII y XVII) con un original pórtico rematado por una corona de granito y el túmulo de St-Michel (7.000 años de antigüedad). Carnac es más conocido por los alineamientos de mil menhires en Ménec (desde la terraza del Archéoscope se tiene una buena vista y cuenta con un espectáculo audiovisual), el Kermario (otros mil menhires) y adentrándonos por un camino de tierra encontramos el cuadrilátero y el Gigante de Manio (menhir solitario de 6 metros de altura), el Kerlescan (540 piedras y un crómlech de 39 menhires) y escondido en un bosque el Petit Ménec.

Desde Carnac también podemos tomar la carretera que nos lleva a la península de Quiberon (Kiberen) desde donde se embarca hacia la isla de Belle-Île o ver más menhires en St-Pierre de Quiberon.


Dejamos atrás el departamento de Morbihan para entrar en el de Finisterre, y nos dirigimos a la ciudad de Quimper (Kemper), aunque nos hubiera gustado tener tiempo para detenernos en Port Louis (Porzh Loeiz, ciudadela fortificada), Quimperlé (Kemperlé, abadía de la Sainte-Croix del siglo XI con iglesia de planta circular, iglesia gótica de Notre-Dame de l'Assomption, puerto de Doëlan), Pont-Aven (molinos de agua,  Museo de Bellas Artes y paisaje inspirador de pintores) o Concarneau (Konk-Kerne, pueblo costero amurallado).

Quimper, que en nuestros planes sólo era una parada para pasar una noche, se convirtió en todo un descubrimiento: la catedral de St-Corentin (gótica, con pináculos añadidos en el XIX), el antiguo Palacio Episcopal (hoy Museo Bretón), sus calles adoquinadas con casas de entramado de madera, el Museo de Bellas Artes... y eso que no encontramos el barrio de Locmaria, con su iglesia y los restos de un monasterio románico, o el de Kerfeunteun con una iglesia gótica tardía y la capilla de Ty Mamm Doue (Maison de la Mère de Dieu).

Fue un pequeño consuelo después de que la niebla alterase nuestros planes de ir a la pointe du Raz (Beg ar Raz) para disfrutar del oleaje golpeando el islote y el faro de la Vielle, acercarnos a la playa du Ris con vistas en la bahía de Douarnenez, pasar por el pueblo de Locronan (Lokorn, con sus casas de piedra gris y tejados de pizarra, la iglesia de St-Ronan y la capilla anexa de Pénity), hasta llegar a la pointe du Crozón (Kraozon).


Como plan alternativo nos dirigimos a Pleyben (Pleiben) para visitar su recinto parroquial construido en roca gris: iglesia (gótico bretón tardío y torre renacentista), arco de triunfo, osario (gótico flamígero) y, lo más curioso, el calvario monumental, compuesto por figuras representando diferentes escenas de la pasión de Jesucristo, típico en varios pueblos de la comarca.


A continuación tomamos una tranquila carretera que pasa junto al embalse de St-Michel y la reserva natural de le Venec y, aunque se nos ofrece la posibilidad de llegar a Guimiliau (Gwimilio, calvario monumental con más de 200 figuras) y a Lampaul-Guimiliau (Lambaol-Gwimilio, pórtico con frisos policromos), preferimos continuar en dirección a Saint-Thégonnec (Sant-Tegoneg) y visitar su espectacular recinto parroquial del siglo XVII.

Si hacemos una pequeña parada en Morlaix (Montroulez), podemos pasear por su centro de casas típicas de madera, ver el convento de los Jacobinos y los restos del de las Carmelitas...

Primera imagen de Quimper tomada de Wikimedia Commons.

LA BRETAÑA II: POR LOS DEPARTAMENTOS DE CÔTES D'ARMOR E ILLE ET VILAINE.



Entramos en el departamento de Costas de Armor y hacemos una parada imprevista en St-Michel-en-Grève (Lokmikael-an-Traezh) donde, junto a la playa, nos sorprende la belleza de su iglesia rodeada de un pequeño cementerio. El tiempo que hemos dedicado a este lugar, nos obliga a descartar la visita a Lannion (Lannuon, casas típicas con vigas de madera y alguna revestida de placas de pizarra, así como  iglesias de los siglos XIII y XV) o a Trébeurden (castillo de Ker Nelly, iglesia de Sainte Trinité y capilla de Christ).


Nuestra próxima parada es uno de los platos fuertes del viaje, la Costa de Granito Rosa en Ploumanac’h. El Sendier des Douaniers (camino de ronda costero) recorre los acantilados y las rocas erosionadas de este fantástico y bello paraje natural. Para hacer la excursión completa de medio día y disfrutar, con suerte, de la luz del sol sobre el granito daré un consejo: si vamos por la mañana es mejor empezar el paseo en pors Rolland (la zona más cercana a Perros-Guirec) y acabar en el puerto de Ploumanac’h, mientras que si lo hacemos por la tarde, el recorrido sería a la inversa. Para completar nuestra visita podemos acercarnos a la cercana Perros-Guirec (Perroz-Gireg) otra localidad costera en la que destaca la iglesia de St-Jacques (siglo XV).



Ahora vamos a circular unos cuantos kilómetros, sin entretenernos en otros preciosos lugares de estas costas, para llegar a Dinan, una ciudad de interior que conserva parte de su muralla medieval: la gran torre le Donjon, la porte du Guichet, la torre de Coëtquen y las murallas. Por sus calles, además de las típicas fachadas de la región y casas construidas en piedra irregular, podemos ver otros edificios interesantes como la tour de l’Horloge (torre del reloj del siglo XV, hoy Museo Municipal), la ecléctica basílica de St-Sauveur (mezcla de románico bizantino, gótico, neoclásico y barroco), la iglesia de St-Malo (del siglo XV hasta el XIX), el convento des Cordeliers (del siglo XV, cerrado al público durante el curso escolar)… En ningún caso nos perderemos caminar por la estrecha y con fuerte desnivel calle de Jerzual (continua con el nombre de Petit Fort) en la que, saliendo por la puerta de la muralla, se suceden las casas de entramado de madera, como la maison du Gouverneur, hasta el puerto de la ciudad y su puente de piedra.




Llegamos a Saint-Malo (Saent-Malo), un antiguo puerto comercial (también corsario/pirata), en el departamento francés de Ille et Vilaine. La ciudad está rodeada por una muralla con diversos accesos como la Grande-Porte o la porte de Saint-Vicent, a cuya mano derecha vemos el castillo (siglo XVI, actual Ayuntamiento) y sus torres del Grand Donjon y la Genérale (hoy Museo de Historia). El mayor atractivo de la ciudad es dar un paseo por la muralla, la promenade des ramparts, y detenernos en los miradores de la tour Bidouane y el bastión de la Hollande para admirar costa y varias islas fortificadas. Con la marea baja es posible llegar caminando a los islotes de Fort National y Petit-Bé, desde donde tenemos una excelente vista panorámica de la ciudad. El interior de la ciudad fue destruido por los bombardeos durante la segunda Guerra Mundial, y sólo es remarcable su catedral de St-Vicent (excelente reconstrucción de la original de estilo gótico). Fuera de las murallas destacan la impresionante torre Solidor (s XIV) y el fuerte de la Cité d’Aleth (actualmente es un camping).

Separada de St-Malo por una ría está la ciudad-balneario de Dinard (Dinarzh) que conserva un aire británico en sus villas y mansiones del siglo XIX. En dirección contraria llegamos a Cancale (Kankaven) con un puerto llamado La Houle famoso por sus ostras (a las que han dedicado un museo) y por las playas vírgenes de los alrededores.


Hacemos una pequeña parada en Dol-de-Bretagne (Dol) un pueblo tranquilo de edificaciones en piedra irregular y varias casas y mansiones medievales (cave de l’Enfer, la Guillotière, el Petits Palais o de los Plaids). La catedral de St-Samson (siglos XII y XIII) es su principal monumento.






Y así, en los límites entre la Bretaña y la Normandía, llegamos al famoso Mont Saint-Michel que, además de tener unas inmejorables vistas de las marismas  y el estuario que rodean el islote, acoge la abadía de Saint-Michel, mitad fortaleza mitad convento, construida en tres niveles superpuestos. La visita, aunque cara, merece la pena: claustro (gótico flamígero) de doble arcada, Salle des Chevaliers, refectorio (románico), despensas,  cripta e iglesia. El pueblo situado a sus pies es un masificado decorado turístico, aunque destaca la pequeña iglesia parroquial de St-Pierre (sus pilares son del siglo XI pero el resto es del XV y XVI) y su cementerio anexo.

Si bien en el resto de la ruta dejo a la elección de los viajeros dónde y cuándo comer y dormir, en esta ocasión creo que Mont St-Michel bien merece una noche, aunque no sea en la propia isla sino en el pueblo donde comienza la carretera que lo une al continente. Tres son los motivos: el maravilloso espectáculo que nos ofrece la isla iluminada por la noche (es posible ir caminando si el tiempo acompaña), el alojamiento más barato y ahorrarnos el elevado precio del aparcamiento del coche.



Ya casi estamos acabando nuestro recorrido, pero no podemos perdernos la visita a Fougères (Felger) y su imponente castillo (siglos XII y XIII) con cinco grandes torres de piedra gris, la cercana porte Notre-Dame (siglo XV) con su doble puente levadizo, un molino de agua, la iglesia del St-Suplice (del siglo XIV pero finalizada en el XVIII). En el centro de la ciudad es interesante la torre Beffroi (finales del XIV, la primera construida en la región) y la iglesia de St-Léonard (gótico flamígero muy modificado), así como otras construcciones menores como el ayuntamiento (siglo XV), el convento de las Clarisses (XVII) o la casa porticada que acoge el museo Emmanuel de la Villéon (XVI).

Antes de llegar a Rennes, podemos desviarnos unos kilómetros hasta Vitré (Gwitreg), otra ciudad amurallada (siglo XIII, conserva las torres des Claviers y de la Bridole) cuyo pasado medieval se hace visible en las calles de su casco antiguo (Beaudrairie, Poterie, d'Embas, Marchix…), con casas de piedra irregular o de entramado de madera y tejados de pizarra, la catedral de Notre-Dame y la capilla de St-Nicolas (siglo XV, gótico flamígero) y el castillo de Vitré de altas y fuertes torres en las esquinas. También nos ofrece otros alojamientos palaciegos como el Château-María (XVII) o el palacete-castillo de Rochers-Sévigné (siglo XV) a 7 km de Vitré.


Finalizamos este recorrido por la Bretaña en su capital, Rennes (Roazhon), caminando por el casco antiguo (place du Champ-Jacquet, calles Chapitre, Psalette, St-Michel y St-Georges…) de altas casas con fachadas de entramado de madera (XV y XVI), aunque después de haber contemplado tantas, tal vez no nos sorprendan. Más interés tienen las puertas Mordelaises (mediados del XV), la plaza de la Mairie con las blancas fachadas del ayuntamiento (Hôtel de Ville del siglo XVIII) y la ópera (Théâtre de la Ville principios del XVIII) y, en menor medida, los cercanos Palacio de Comercio (Palais du Commerce de finales del siglo XIX, hoy central de correos) y Parlamento de Bretaña (del XVII, actual palacio de justica). Saliendo un poco del centro está el gran jardín de Parc du Thabor y la cercana piscina de St-Georges (siglo XX), construida a imitación de unos baños romanos.

Son poco llamativos los principales edificios religiosos neoclásicos: la catedral de St-Pierre, Notre-Dame-en-St-Melaine, la basílica del Saint-Sauveur… y para ver los que tiene cierto interés nos acercamos a la capilla  de St-Yves (XV), las iglesias de St-Aubin y St-Germain (gótica y gótica-flamígera respectivamente), el convento de los Jacobins o el palacio de St-Georges (abadía femenina del siglo XVII con un precioso jardín).

He dejado un par de lugares a los que ir desde Rennes: el pueblo de Josselin (Josilin), de trazado medieval, fuerte castillo de tres torres (siglo XI) y basílica de Notre-Dame du-Roncier (finales del siglo XII), y el otro es el lago de Viviana en el bello bosque de Paimpont (Pempont), que se ha vinculado a la leyenda artúrica con el nombre de Broceliandía (fôret de Brocéliande).

Un plan completamente alternativo para hacer este viaje es el que han seguido algunos conocidos que, aprovechando su sistema radial de carreteras y transportes públicos, hicieron excursiones de un día o dos desde Rennes a los diferentes destinos propuestos. Lo dejo a vuestra elección.

Segunda imagen de Ploumanac’h y primera de Rennes tomadas de Wikimedia Commons.